domingo, 16 de mayo de 2010

LA PIEL DE LA SOCIEDAD

De todos es sabido que hoy en día nuestros pueblos y ciudades, son los espacios donde los seres humanos viven y crecen, y que conlleva implícito, emparejado al desarrollo de sus habitantes, una transformación continuada en el tiempo, capaz de modificar su aspecto, su urbanismo y su imagen. Son nuestra piel. Si pudiéramos ver desde el espacio nuestra geografía, a una altura que no se pudiera percibir la figura humana, y redujéramos en el tiempo el proceso de crecimiento de una ciudad, podríamos ver, sin ninguna duda, que esta se transformaba, algunas veces creciendo, otras deteriorándose, otras veces inmóviles en determinados momentos, y posiblemente algunas desaparecieran. Esto responde a que los seres, que forman parte de la sociedad, crecen, se desarrollan, crean enlaces, redes de comunicación y mueren. Son a mi modo de ver como neuronas adaptadas a la superficie esférica. Quiero decir con todo esto que nuestro hábitat, está sometido y nos someten, a su vez, al género humano, y se produce una dualidad enfrentada. Es por ello, que ambos, hábitat y sociedad, están sometidos a los efectos positivos y negativos de comportamiento de sus habitantes.
Un artículo escrito por José Mª Montaner, trata de tres fenómenos que ponen a prueba y en crisis, las funciones esenciales de las ciudades que, en vez de cooperar, separan; en vez de construir la memoria colectiva, la borran; en vez de dar espacios para el habitar, deshabitan. Causa y efecto se manifiestan de forma biunívoca, y algunos como el arquitecto Claudio Caveri nos induce a una reflexión de separar las “las fronteras calientes”
Pero ¿a que se refiere con esta expresión?, ¿qué es esto de la frontera caliente? La arquitectura americana entre el sistema y el entorno (2002), nos comenta el autor de su libro, que se está produciendo constantemente una distopía en el mundo basada en el control, el acceso a espacios restringidos, muros, etc., que hacen una obsesión por la seguridad a una gran parte de la población. Según las actuales tendencias, existe el peligro de que vaya desapareciendo el mundo abierto de lo público para predominar un planeta hecho de fragmentos aislados y rodeados de miseria y suciedad, basado en la segregación social entre las elites y los que son considerados bárbaros, entre los privilegiados y los excluidos. El ser humano en el transcurso del tiempo ha dejado un mundo de fronteras y muros, produciéndose así “la frontera caliente” de la que habla Claudio Claveri, es la frontera caliente entre los barrios cerrados de ricos y los suburbios de la gente sumida en la miseria. Lo que se constata, y así lo manifiesta el sociólogo alemán Niklas Luhmann: a pesar de la modernización y del lento crecimiento de la democracia parlamentaria, la pobreza ha aumentado.
Esta constante de separar puede hacer que esas fronteras calientes exploten de manera imprevista cuando los grupos sociales segregados se vean empujados por diversas razones, y rompan el límite de la esperanza y la desesperación. ¿Hasta cuando?
1. El intervencionismo urbanístico
Es dificil de contestar, quizás sea una característica del ser humano y siempre vaya ligada a el. Pero no sólo el trauma de la separación aparece en las aptitudes de la masa social, sino también el del olvido. Un trauma, que de forma silencioso, induce al borrado de la memoria. Si nos centramos en la unidad representativa de una colectividad dentro de una país o nación, como es la ciudad, y la observamos como objeto, vemos que bajo sus pies, tiene sus huellas, el tiempo ha dejado estratos, muchos de ellos ocultos, alguno ocultos por la violencia o por la destrucción planificada, para ser sustituidos por nuevos productos humanos. El fenómeno del borrado intencionado de la memoria ha sido y sigue siendo tema de discusión, si hasta los años sesenta se fue construyendo el concepto de memoria colectiva; a partir de los años noventa este concepto se ha ido manifestando en dos direcciones opuestas: por una la aplicada por el proceso productivo, y otra, por los nuevos movimientos sociales, que van reivindicando la memoria local.
¿Pero cual es su proceso de eliminación?
Por una parte, un proceso psicológico de la distracción: sin que la colectividades muy consciente de ello, una falsa memoria, de golpe, expulsa, a la memoria existente, que es sustituida por una imagen representativa; y por otra, un proceso tecnológico de sustitución que impone nuevas memorias. No hay que ver en nuestro alrededor, si elegimos cinco ciudades, como ejemplo, podemos ver estos procesos y manifestaciones: Nueva York; Los Ángeles; Barcelona, Valencia y Berlín.
-Battery Park de Nueva York, (analizado por Christine Boyer, 1994) , un lugar de situación estratégica y privilegiada de Maniatan, en el que estaba prevista la construcción de vivienda social según el Master Plan de 1979, se decidió convertirlo en un gran centro comercial y de negocios, proyectándolo como un escenario cinematográfico y creándose una falsa memoria.
-Los Angeles, modelo de ciudad paradisiaca y moderna, de golpe, en los años noventa, se reveló como un modelo repulsivo, lugar de segregación y enfrentamiento social, al sustituir el estrato del propidad negra por la hispana. Unos conflictos sociales que tuvieron su eclosión en los “disturbios” de 1992.
- Borrado programado y sistemático del tejido social y productivo y de la memoria industrial y obrera, especialmente en Ciuta Vella de Valencia y en Poblenou de Barcelona, para ir segregando a la población, entre los poderosos económicamente y la gente modesta.
- En Berlin en la Potsdamer Platz, en el que se han borradolos vestigios de memoria urbana, con una voluntad totalmente contraria al desarrollo de la identidad y especialidad de Berlín.
Todas tienen en común, la paulatina interferencia del sector privado en la gestión de un espacio público. Una fórmula que transforma el entramado bajo de la sociedad, por una estética urbanística y una ocupación más acomodada. Sin embargo, esto que al paso de tiempo, cuando apreciamos los cambios n somos conscientes de que estamos estirpando el tejido social. Estamos deshabitando, estamos alterando la geografía de los “sin techo”
Ser un “sin techo” corresponde al mayor grado de marginación dentro de una ciudad. Sus razones, un cúmulo: pobreza, enfermedades crónicas, alcoholismo, drogadicción, pérdida del puesto de trabajo, ruptura de la pareja o problemas judiciales, son algunos de ellos.
Cada vez la cifra de estas personas aumentan, para saber de que estamos hablando, en Cataluña llegan a 8.000 en el año 2004, y en España se calcula en 22.000 y en Europa están contabilizados 2,5 millones de personas sin hogar.
La sociedad acomodada ha utilizado todo tipo de “artes”, como regar por la noche o expulsar del lugar. Sabemos además que estas medidas no son legítimas si no se ofrecen alternativas para los “sin techo” de albergues y centros de día; en definitiva una red asistencial.
La ciudad histórica por su morfología compacta y sus espacios intermedios, favorece mucho la existencia de rincones para la vida nómada de los “sin techo” que las ciudades de trazado moderno. Los indigentes sobreviven mejor en las estructuras urbanas preindustriales, más acorde con una vida con pocos medios, que en los trazados rectilíneos y en los espacios abiertos del urbanismo moderno. Sin embargo en estas ciudades vemos cada día más personas que se adaptan , buscando espacios neutrales, cajeros automáticos, portales, entradas a garajes, huecos de los escaparates, pisos abandonados que se ocupan, etc.
No obstante se da dos formas, según se atienda a su geografía y a su grado de desarrollo:
- País desarrollado: se caracterizan por su aislamiento, sin lazos sociales, de difícil sibsistencia y alta agresividad.
- País tercer mundista,: más fácil la subsistencia, sin servicios y lejos de los centros.
En definitiva, cada vez más somos más vulnerables en un mundo que cada vez crea más fronteras calientes, borra las memorias urbanas, y deshabita a los más debiles.

2. Los centros históricos
Autores como Daniel Hiermaux, plantea dos formas de concebir los centros históricos, para ello, introduce la espacio-temporalidad de dos tipos de imaginarios: los imaginarios posmodernos, y los patrimonialistas, bajo el supuesto de que es a partir de la coexistencia, confrontación y particularmente de su conflicto, que pueden interpretarse las transformaciones aparentes y visibles de los centros históricos actuales.
Para las ciencias sociales, la dimensión espacial es ineludible para cualquier buen análisis. Aunque se pueden tomar bajo distintas perspectivas, el autor, lo hace desde el enfoque que sitúa el tema del sentido del lugar en el centro las preocupaciones, y no desde, la óptica urbanística.
La sociología reciente en la voz de Michel Maffesoli (1993; 2003), ha dado testimonio de una recomposición de las sociedades capitalistas, y ve en ella aptitudes y respuestas tanto al poder como a los estímulos de los intereses económicos, motivados por unas nuevas formas de socialidad, como son, las apariencias, la fiesta, y el mismo desorden, son manifestaciones esenciales y sugestivas. La incorporación de lo subjetivo entre los elementos fecundos para analizar la ciudad de hoy, ya tratada por Gerog Simmel y posteriormente reforzada por los estudios de la Escuela de Chicago, se fue diluyendo en el tiempo, pero dejando interesantes huellas en la sociología y la psicología social y, por ende, en los estudios de la ciudad. Hay que buscar un imaginario, que sea el signo representaivo de la ciudad, a poder ser que permanezcan en la memoria temporal, eligiendo entre modelos que se están aplicando actualmente en los centros históricos: los imaginarios patrimonialístas y los que se derivan del asalto posmoderno.

Los imaginarios patrimonialistas: dimensión espacio-temporal
El análisis de las formas urbanas del pasado y de las grandes transformaciones es un paradigma. Si bien desde la modernidad, en su afán por distanciarse de las sociedades tradicionales, ha sido ávida de destrucciones, ahora existe un interés genuino hacia las formas de reconstrucción impulsadas por la modernidad. Este interés también parecería corresponder a un estado de espíritu que nos genera la necesidad de mirar hacia el pasado, cuando el presente se ha acelerado a tal grado que parecen haber desaparecido los referentes temporales tradicionales a los cuales las sociedades modernas se remitían.
El imaginario patrimonialista sería entonces el conjunto de figuras/formas/imágenes a partir de las cuales la sociedad actual, concibe la presencia de elementos materiales o culturales del pasado en nuestro tiempo y nuestro espacio de hoy. Podríamos calificarlo, dice Hiernaux, como el sustrato que guía el intento individual y colectivo de algunos para imponer al resto de la sociedad, la preservación de lo físico-cultural de épocas anteriores.
Los defensores de este modelo imaginario, no dejan de utilizarlo como sustento de su actuar cotidiano sobre los centros históricos y su campo de acción se centra en la mejora de los espacios urbanos fuertemente marcados por el pasado.
El Centro “revisitado”: el asalto posmoderno
La otra vertiente de los imaginarios urbanos sobre los centros históricos se impone a partir de la desconstrucción de la concepción moderna del tiempo y del espacio, aplicándola potencialidad ofrecida por la tecnología. Su inconveniente, es que conlleva una pérdida de memoria y de las tradiciones históricas. El espacio pierde, pues, su sentido de lugar, cargado de historia, de referentes identitarios con el pasado y de memoria colectiva. Se hace sólo un espacio genérico, pero también, como dice Henri Lefebvre, moldeable según las necesidades, fragmentado según requerimientos particulares.
El imaginario que se construye en este contexto no manifiesta el mismo interés por el pasado y su cristalización espacial en sitios y monumentos, que aquel que suele plantearse al imaginario patrimonialista. Por ende, no existe el sentido del estilo. La yuxtaposición de estilos, vista como incongruente por el imaginario patrimonialista, es percibida por el imaginario posmoderno como una forma, como una acumulación hic et nunc de lo que ha sido dejado por otros presentes. Los usos que pueden darse a los edificios dependen entonces también del instante vivido.
La tradición de las escuelas estéticas no es entonces primordial, más bien puede imponerse como confrontación, como voluntad de jugar con estilos y momentos en collages espaciales de temporalidad limitada.
Observamos y sabemos, de la resistencia de ciertos entornos, o por la calidad de su patrimonio protegido por las autoridades o por la fuerza de su economía local, entre otros. Pero lo que sí se ocurre es que la mayoría de los barrios tradicionales fueron progresivamente pediendo su vida urbana o protegiéndola con suma dificultad.
Los cambios actuales, no son, pues, el resultado de un pasado reciente de los últimos años de hipermodernización, arrastrados por la “globalización”, sino, son el frutote una lenta transformación, introduciendo en su mayoría el espectáculo urbano en la vida de quienes no conocieron una vida urbana desaparecida desde décadas atrás. La dimensión espectacular es , según el autor, la clave. Y los centros históricos entran en el circuito del uso y explotación. El centro histórico también en el imaginario moderno, se ve como un espacio privilegiado para ello.. Pues juega para ello, con los medios masivos de comunicación.
Los intereses económicos, giran alrededor, de los centros históricos que ven en ellos un lugar aprovechable para imponer nuevos imaginarios de vida urbana, apoyándose, sin lugar a duda, de su ubicación y potencial de visita del público circundante y turístico, para conseguir prosperas actividades y rentables negocios.

Un conflicto inevitable
Suele considerarse a los centros históricos como espacios de conflicto entre un sector tradicional de la población que vive en el mismo y un sector “moderno” que desea recobrar ese espacio. Este antagonismo se refleja entonces, en primera instancia, entre quienes suelen ocupar el centro histórico de una ciudad y quienes desean reapropiárselo. Varias son las posturas que motivan dicho conflicto: por una parte, el sentido mismo de la historia, dato importante ya que es el sentido mismo de la historia de las naciones, de los pueblos, la que está en juego, por otra parte, el sentido de lo público y lo privado se ubica en el meollo de la discusión., en el sentido de que los centros históricos son patrimonio vivo que pertenece a todos y no debe ser sujeto de una nueva producción para fines privados.
Además, hay que añadir, lo importante que es, del tiempo libre que se encuentra en tela de juicio con estas transformaciones. Así podemos decir que para:
- El imaginario patrimonialista no piensa en las implicaciones sociales de la preservación patrimonial como capital cultural colectivo.
- La visión posmoderna transforma los centros históricos en espacios privilegiados para el turismo y la recreación, quedando el tiempo libre cada vez más sometido a la presión del consumo.
El conflicto, sin duda, se centra en el modelo de vida que se quiere integrar en el centro. Conflicto de intereses que es muy difícil de lidiar, formulas de asociación entre la esfera política y la económica se vuelve esencial, ejemplos de ello los hay. Sin embargo, el papel de la administración de turno, es muy importante, en tanto sea, más o menos sensible a establecer posturas consensuadas, que permitan aplicar fórmulas estables en el tiempo. Finaliza el autor, acentuando que el conflicto no solo salpica al espacio del centro histórico, sino al sentido mismo de la vida urbana y a su gestión desde lo político. Y no es casualidad que las posiciones de gobiernos de izquierdas reflejen, en no pocos lugares, un total acuerdo con la visión de la recuperación del espacio para su adaptación a favor de intereses privados.

3. La regeneración del centro urbano, y el patrimonio histórico
Este artículo es realizado por Horacio Capel, forma parte de un texto, elaborado para una conferencia dictada en el Décimo Coloquio Internacional sobre Arquitectura y Patrimonio celebrada en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara de 2004, se encuentra dividido en 17 capítulos, y constituye una fuente de innegable valor para comprender los motivos, acciones y alcances del plan de transformación realizado en la ciudad de Barcelona. El análisis del presente artículo corresponde al capítulo 12.
El casco antiguo de Barcelona es uno de los más extensos y poblados de todas las ciudades europeras. Los problemas a los que se han enfrentado los planificadores son, en buena parte comunes a los de otros casos históricos europeos y españoles, y en parte específicos por la realidad catalana y barcelonesa. Este trabajo editado es una mirada crítica sobre la política urbanística, en su análisis Capel introduce dos consideraciones, sobre las que se insistirá a lo largo de todo el texto: por una parte, el reconocimiento de una extensa lista de déficit, y por otra, la noción relativa a que “Barcelona no es un modelo”, puesto que lo realizado en esta ciudad fue llevado a cabo sin una visión general de la misma y de los objetivos a alcanzar, tomando como marco referencial solamente el Plan Regulador Metropolitano de 1974.
Comienza, como no puede ser de otra manera, con el trabajo de inventario y catálogo que permiten reconocer los valores del patrimonio. En esta reflexión, lo define como insuficiente en determinadas tipologías, especialmente el patrimonio industriar y la vivienda popular; ni en la atención prestada del patrimonio inmobiliario existente. En los años 1980 la política de rehabilitación de edificios había valorado la importancia que para la memoria colectiva tenía el parque de edificios existentes, y la necesidad de conservación. El autor realiza una evaluación de esta transformación urbana señalando que se intentó lograr un predominio de la calidad por sobre la cantidad, pero que no obstante, muchas veces no se logró ni lo uno ni lo otro. Así lo muestran las actuaciones en el popularmente llamado “Agujero de la Vergüenza” en el casco antiguo de la ciudad, realidad que no se puede achacar a la experiencia y al conocimiento, pues lo había. Trabajos sobre la configuración de la forma urbana se ha realizado en las actuaciones. Autores como Caniggia y Mafferi, en sus reflexiones sobre el estudio del espacio antrópico, inciden sobre el individualismo de los arquitectos, dejando un amasijo indefinido de objetos aparentemente distintos, pero con una monotonía paisajística, cosa que no se dio en el pasado. En Barcelona en los últimos veinticinco años la falta de respeto a la historia ha sido a veces muy grave, por la insensibilidad de los políticos y de técnicos, así lo atestiguan las distintas actuaciones realizadas, especialmente, en un espacio emblemático por su origen altomedieval.
Sin embargo, señalan que con la fiebre del derribo, se encontraban con grandes sorpresas, aparecía ante los ojos una arquitectura “discreta pero bien compuesta aunque no formaba parte del paisaje más representativo de la ciudad: un método que provenía de la modestia y las excelencias de un oficio bajo la jerarquía de los oficios”.
Distintas aplicaciones urbanísticas, PERI de 1979, tuvieron una importancia fundamental como ejemplo de una nueva forma de hacer urbanismo, pero con continuos olvidos de los significados históricos de sus barrios. El autor realiza una evaluación de esta transformación urbana señalando que se intentó lograr un predominio de la calidad por sobre la cantidad, pero que no obstante, muchas veces no se logró ni lo uno ni lo otro.
Finaliza el capítulo, con un grito de denuncia, un atentado histórico verdaderamente inconcebible y realizado con alevosía. Alos que podríamos añadir otros muchos realizados en diversas partes de la ciudad.

4. La ciudad habitable
Ciudad, patrimonio y ciudadanía
El centro histórico de una localidad es uno de los elementos más destacados de su paisaje, y una parte importante de su propia imagen tanto interna como externa. Si nos centramos en el casco histórico de Valencia, Ciutat Vella, en donde se han llevado acciones a lo largo del último decenio, vemos que nos muestran unas formas y unos resultados que se encuentran lejos de los objetivos planteados en este tipo de actuaciones. El área comprende el interior del antiguo trazado de las murallas cristianas medievales, y finaliza en los finales del franquismo, con un proceso de degradación, tal que, la ruina de muchos de sus edificios, el abandono de sus habitantes, la falta de inversiones, hacían de este espacio un objetivo de primera magnitud. En los primeros pasos de nuestra democracia, la ciudadanía, a través del movimiento vecinal, recuperaba con sus reinvocaciones el protagonismo en la construcción de la ciudad.
La caída y degradación del área no solo afecta a la desaparición de la población, la especulación arrastra la destrucción de patrimonio, junto a la desaparición de las actividades productivas y comerciales tradicionales, y la pérdida de la memoria histórica. Pérdida y envejecimiento de la población, problemas de tráfico y accesibilidad, concentración de zonas de ocio y contaminación acústica, eran algunos de los problemas en la zona en ese momento. Planes especiales en 1984 y 1991, convenios de colaboración entre la Generalitat y Ayuntamiento de Valencia (Plan RIVA), y unidades de actuación, han hecho mejorar, sanear, el aspecto de su imaginario, tanto en su exterior como en su interior, aunque no con los resultados que todos desearíamos ”La participación y el compromiso de los habitantes es imprescindible para conseguir la conservación de la población o área urbana histórica y deben ser estimulados. No se debe olvidar que dicha conservación concierne en primer lugar a sus habitantes”, pero las actuaciones en una gran parte de ellas se han venido realizando de espaldas a los residentes. Cualquier actuación, para su aceptación debe de incorporar tres conceptos: espacio, tiempo y personas.
Un espacio preexistente donde hay historia pasada, una memoria histórica que se hace presente. Un tiempo de diseño, de ejecución y desarrollo del plan, y...
Unas personas que viven en ese entorno y deberían ser las primeras beneficiadas de la actuación, las cuales frecuentemente se convierten en víctimas de la misma. Distintos ejemplos constatan la mala gestión, cuyas consecuencias sociales y patrimoniales son injustificables, caso de la asociación de vecinos El Palleter, del barrio de Velluters, que en palabras de su representante manifiesta ”Las viviendas destinadas al realojamiento de las numerosas familias afectadas por las expropiaciones no se han edificado o permanecen vacías, deteriorándose en espera de que unos vecinos obligados a practicar el nomadismo las ocupen”, o “por no hablar de la revalorización que ese suelo va adquiriendo a cada instante y que habla a gritos de la decisión de especular antepuesta a la de invertir en ciudad y para los ciudadanos”. Esta son algunas de la opinión y sentimientos de los vecinos sobre el Plan RIVA en Velluters y doce años de actuaciones en el barrio; o el caso del IVAM (apertura de una gran plaza a espaldas del IVAM, derribos de edificios habitados, levantamientos de otros más elevados y de más categoría social), vemos aquí la unión de un elemento cultural con la afección negativa a los ciudadanos residentes.
Uno de los temas sobre los que no se ha tenido la más mínima sensibilidad en las actuaciones ha sido en el reconocimiento de actividades tradicionales en el entorno. No solo no se han identificado y protegido a la hora de realizar la planificación, sino que en ocasiones se ha propuesto su eliminación, o mejor, ni siquiera se ha reconocido su existencia. Actividades artesanales en el mismo lugar mantenidas por varias generaciones de artesanos, y que actualmente siguen en pie, han tenido que ser defendidas por ellos mismos y por los colectivos vecinales, frente a unos proyectos insensibles al hecho.
En la ciudad están surgiendo numerosas acciones ciudadanas en defensa de espacios y edificios, frente a su destrucción y utilización en el proceso especulativo. Cada vez son más los denominados “Salvem…” La ciudadanía se pregunta cómo es posible que en una sociedad que se dice democrática, cada vez más los ciudadanos se organizan para luchar contra las acciones de la Administración, la cual debería ser la garante de la seguridad de esos ciudadanos. ¡Algo ocurre!, corrupción, intereses partidistas, pago de favores, una manera más de enriquecimiento a costa del más débil.
Baste para confirmar este análisis, un botón de muestra, "La Malvarrosa", un caso que está
enfrentado a la ciudadanía, a distintos estamentos de la Administración, a los medios de comunicación y a cualquier persona, aunque no sea afectada en los derrumbes, que quiera opinar al respecto. Sin lugar a dudas el barrio marítimo de la ciudad de Valencia se comporta físicamente igual que de un centro histórico se tratase. Ejemplos de actuaciones en cualquier de las dos direcciones, o mejor dicho en tres direcciones, la patrimonialista, la posmoderna y otra mixta entre ambas, dependiendo de la idiosincrasia local específica, que yo añadiría. En todos los casos se ha dejado pasar la oportunidad de conseguir unos resultados que favorecieran a la comunidad. Ahora tenemos otra oportunidad. Se me antoja una imagen…, un cumpleaños, un salón, una tarta en el centro de la mesa, y a su alrededor y en primera línea los políticos, luego sus familiares, detrás sus amistades, gritando, ¡sopla¡ ¡sopla!...y todos puestas sus miradas en la tarta, y pensando en que hacer para coger el mejor y mayor trozo posible. No hay que tener mucha imaginación para cambiar la escena y los protagonistas:
- El cumpleaños: un centro histórico
- El salón: el urbanismo
- Tarta: la especulación
- Las velas: los planes de actuación
- El que cumple los años: el político de turno
- Los familiares: Los partidos políticos
- Las amistades: Los técnicos
Quizás este equivocado, y no sea más que un sainete. Me gustaría equivocarme.

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